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Por: Giovana Botti (Redactor)

El Cine Tela Brasil (Cine Pantalla Brasil trad. libre), que durante diez años ha llevado el cine itinerante a las comunidades carentes de 386 ciudades brasileñas, entra en una nueva etapa. Con el crecimiento y consolidación del proyecto, la pareja de cineastas Laís Bodansky y Luiz Bolognesi, idealizadores y gestores del programa social, pasaron la batuta con orgullo al proyeccionista José Carlos da Silva y al productor de campo Edson Souza, quienes viajaron en ese periodo por todo Brasil llevando la estructura del cine dentro de un camión para promover sesiones gratuitas de las películas.

Las proyecciones itinerantes, que comenzaron con Laís y Luiz, ahora las llevan sus antiguos funcionarios. Y el Cine Tela Brasil ahora es conocido como Cine em Cena (Cine en Escena trad libre). Los cineastas avanzan en nuevos proyectos con audiovisuales, esta vez con una atención especial a las escuelas públicas. Con la idea de estimular el audiovisual como herramienta de aprendizaje en los colegios, lanzaron el Instituto Buriti y ya comenzaron a trabajar en 2014 con diez escuelas que recibieron talleres educativos de alfabetización audiovisual. Por la internet, las actividades también se complementan a través del portal Tela Brasil.

Entre nuevos guiones y proyectos artísticos, Luiz Bolognesi habló con comKids sobre los proyectos del Instituto Buriti y el legado de la década de trabajo en el Cine Tela Brasil y en las Oficinas Tela Brasil (Talleres Tela Brasil). Los resultados fueron publicados en un libro, con distribución gratuita para las escuelas públicas e instituciones de educación en todo el país.

comKids – Tras diez años de actividad, ustedes han decidido pasar la dirección del Cine Tela Brasil al proyeccionista y al productor de campo que han viajado por Brasil con el cine itinerante idealizado por ustedes. ¿Cómo será esa nueva etapa del proyecto?

Luiz Bolognesi – Va más allá de haberles pasado la dirección del proyecto. De hecho, ellos abrieron una empresa (Ibirajá Produções) y durante todo el año de 2014 asumieron el cine itinerante. Es decir, han dejado de ser funcionarios, se han convertido en empresarios y están llevando el proyecto. Incluso ya han hecho un gran cambio en el proyecto. La sala itinerante pasó a ser en 3D, con proyección y gafas para exhibición de películas en tres dimensiones. Nosotros acompañamos como padrinos, amigos, pero ahora les toca a ellos.

Ustedes llevaron sesiones gratuitas a muchas personas que nunca habían ido al cine antes. El Tela Brasil llevó producciones audiovisuales a los que no tienen acceso a la cultura, llevó el cine a espacios públicos, promovió debates con realizadores del cine brasileño. ¿Cómo esa experiencia toca y cambia la vida de esas personas?

El cine tiene dos aspectos. Uno de ellos es el del contenido, de llevar una nueva visión del mundo, una nueva realidad para que las personas piensen, reflexionen… Creo que esa es la principal función del cine, sacar a uno de lo cotidiano en donde se encuentra de un modo automático. El cine te trae una historia distinta, un mundo distinto, un nuevo panorama, nuevos conocimientos. Es como fertilizar la tierra. Y por otra parte – como se ha visto en zonas generalmente muy pobres, que no tienen cine, ni teatros, plazas o parques – el hecho de que hayan recibido un cine de calidad, de primer mundo, con aulas cerradas, aire acondicionado, proyección digital, sonido surround… todo eso también tuvo un impacto importante en términos de ciudadanía, de autoestima, hacer con que la gente piense y sienta que ellos también son importantes, que tienen derechos, que son ciudadanos, que también tienen el derecho de tener cine. También hay ese aspecto importante que es ver nuestro país con grandes comunidades que no reciben ni cultura ni infraestructura. El proyecto es una gota en el océano, pero señala otro modo de trabajar y ver esos temas En esos lugares, el proyecto tenía un impacto muy grande. Parecía que era un platillo volador aterrizando allí, llevando un cine de calidad para esas personas. Esa experiencia la continúa Ibirajá.

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Exhibición en la tienda del Cine Tela Brasil

Más de 3 mil jóvenes han hecho los talleres ofrecidos por el proyecto. Y la finalidad principal no es la de enseñar un oficio. Para ti, ¿cuál es la importancia de hacer audiovisual y producciones de contenido para esos jóvenes carentes?

Nuestro taller no se encargaba de enseñar profesiones, él era “ciudadanizante”. La persona que pasa por el taller se capacita más como ciudadana, adquiere una serie de competencias nuevas que no tenía. Una de ellas, por ejemplo, es la de aprender a trabajar en grupo. De un modo general, en las escuelas el enfoque es muy taylorista, individualista. Los trabajos para los exámenes, para los estudios, son individuales, los alumnos lo hacen todo sólo. Y cuando haces un taller de audiovisual y te pones a hacer una película, aprendes a trabajar en grupo. Fue en esos talleres que muchos jóvenes, por primera vez, tuvieron que hacer un trabajo en equipo. Y la creación artística, hacer una película, es un trabajo complejo. No es algo sencillo. Hay que tener un guión, hay que dividir las tareas, elegir las ideas, hacer debates… la gran diversión del taller es esa posibilidad de enseñar la importancia de se trabajar en grupo, de cómo lidiar con el conflicto. Y también capacitar para el lenguaje del audiovisual. Hoy el audiovisual es un lenguaje predominante como forma de conocimiento. Pocas personas leen un libro, pero todos ven videos: ya sea en los aparatos móviles, en la internet, en casa viendo el noticiero o la novela de las 9pm… todos estamos consumiendoaudiovisual todo el tiempo. Entonces hay falta de formación. Hace falta que las personas se den cuenta que aquello es fabricado, realizado. El Jornal Nacional (noticiero de Brasil) tiene una pauta, tiene un editor, tiene un reportero. Un noticiero no es la verdad, sino una versión de esas personas. Un taller audiovisual también fomenta ese pensamiento crítico. Cuando los jóvenes y niños de una escuela pública participan de ese taller, se dan cuenta de cómo se hace un video. Ellos toman decisiones, elijen si van a entrevistar tal o cual personas. Si uno entrevista a un lado y yo al otro, la realidad que se produce es distinta.

Es la experiencia de conquistar una postura menos pasiva también para el mundo que les rodea.

Exacto. Ellos también se convierten en productores de contenido, en vez de ser solamente consumidores. Ellos pueden hacer contenidos para subir en el YouTube, sea un videoclip, un juego, un corto o un documental que denuncie la realidad en su comunidad. Ellos salen del puesto de consumidor pasivo de información y pasan a ser alguien que puede organizar su propio pensamiento, opinar sobre el mundo. Nuestro taller tenía el objetivo de integrar el joven en el mundo digital, audiovisual, ofreciéndoles herramientas. Para que entiendan lo que es un guión, qué es la fotografía, cómo se opera una cámara, cómo se trabaja con el sonido. De esa forma hicimos más de 120 talleres, con producción de más de 450 cortos.

Esa percepción de la importancia de la alfabetización audiovisual es el gran estandarte del Instituto Buriti, que ustedes crearon en 2014. ¿Podrías hablar un poco más sobre el Instituto – que va a estimular el audiovisual en las escuelas, como herramienta para la educación?

El Instituto Buriti dejó la operación de gerenciar el cine itinerante y está enfocado en la educación audiovisual, para intentar llevar el audiovisual para dentro de las escuelas. Es en ese sector que queremos colaborar. Me parece importante que las escuelas incorporen el audiovisual para hacer de ella un lugar más atractivo para los jóvenes y ofrecer repertorio a profesores y alumnos.

Además de los jóvenes, en las escuelas ustedes también trabajan con otro tipo de público: los niños

Trabajamos con escuelas de educación secundaria y primaria. En ellas, trabajamos con los alumnos, maestros, directores y coordinadores pedagógicos. Todos participan de los talleres audiovisuales. Así intentamos formar un grupo que permanezca en la escuela haciendo acciones audiovisuales.

Em 10 anos de atividades, o Cine Tela Brasil realizou 7.439 sessões de cinema itinerante pelo país.

En 10 años de actividades, el Cine Telas Brasil realizó 7.439 sesiones de cine itinerante por el país.

Y trabajar con niños para sembrar ese concepto de alfabetización audiovisual es preponderante para la formación de un público más crítico.

Es un público muy abierto. Es un terreno muy fértil. Ellos ya tienen un dominio tecnológico. Es una generación que ya nació en contacto con el mundo digital y tiene una facilidad muy grande. Para ellos, nada es muy complicado. Ellos investigan y dominan con facilidad.  Con los de primaria, vinimos haciendo muchos talleres de animación y los niños rápidamente salen haciendo cortos a través de apps. Ellos crean guiones, hacen historias y los resultados son muy buenos. El proceso es riquísimo.

En el Tela Brasil, llaman la atención los temas de las producciones audiovisuales elegidos por esos jóvenes que participaron de los talleres. En esos diez años de actividades por el país, los temas más abordados en los cortos de los participantes han sido los conflictos individuales y las relaciones afectivas. Más allá de temas como las condiciones socioeconómicas, la salud pública y la violencia, que se relacionan normalmente a los suburbios. ¿Esto les sorprendió?

Sí. Por lo general, toda vez que cineastas o un equipo de televisión va a los suburbios para producir contenido, imágenes o audiovisuales, el enfoque es siempre la violencia. Nosotros asociamos esos lugares con la violencia. Cuando les damos la cámara a ellos y les permitimos que hagan películas sobre sus realidades, la violencia aparece solamente un 4% de las películas. Entonces vemos que los jóvenes están conectados con otras cosas. Por eso es importante que les pasemos la cámara a ellos, porque nos quedamos diseñando un mundo que está en nuestras mentes, proyectando una imagen de lo que sería la periferia de Brasil, y cuando se les pasa la cámara a los jóvenes, ellos tienen otra mirada. Eso nos sorprendió a todos.

¿Cuál ha sido el impacto de la experiencia sobre tu obra, como cineasta?

La primera película que escribí, “O bicho de sete cabeças”,  fue realizada mientras estaba viajando por Brasil, proyectando cortos por el camino. Escribía el guión después de hacer sesiones en las plazas, exhibiendo pelis. Esa dinámica de ver al público asistiendo a las películas es la formación de mi trabajo. Escribo para el público, pero también lidiaba con él en las proyecciones, y con el hecho de poder experimentar y observar la reacción a una misma película en varios lugares… percibir que, por ejemplo, el público de Sergipe es distinto del público de Piauí: se ríen en momentos distintos, reaccionan en momentos distintos. El público de Bahia es distinto del público de São Paulo: de lo que ellos creen que es gracioso, de los modos de hablar de las películas… entonces fui aprendiendo eso. Y, de cierto modo, evidentemente eso influencia mi modo de trabajar con cine y de escribir. A menudo aprendo con el modo con el que los jóvenes hacen los cortos en los talleres, los temas que traen, termina influenciando también mi modo de escribir películas, es un aprendizaje constante, un intercambio.