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Por: Filipe Jahn (Redactor)

Los programas infantiles suelen tener una dicotomía muy clara, sea bajo el punto de vista del contenido o del formato, entre lo que es cierto y lo que está equivocado. Eso pasa principalmente porque los adultos involucrados parten de la noción de que esas obras deben enseñar con objetividad tal polarización. Y para Jan-Willem Bult, la (tal vez única) regla es más directa: oír a los niños.

Por esa razón los programas del KRO Youth, segmento del canal público holandés KRO del que Jan-Willem es director de creación, son considerados de los más osados del mundo. Y también de los más premiados. Para él, las obras infanto-juveniles tienen que esencialmente poner su público en el protagonismo, actuando naturalmente, como los niños lo son. Ese es el mejor modo de crear una conexión y permitir que niños reflexionen sobre sus intereses, derechos y responsabilidades.

Además de la posición en la KRO, Jan-Willem también mantiene la JWBfoundation, con la que viaja a diversos países ofreciendo soporte en la creación y producción de medios para niños. Jan- Willem ha participado del Festival comKids, en donde administró un workshop sobre historias cortas. En la entrevista abajo, para el Portal comKids, Jan habla sobre esas experiencias, sobre cómo ve la producción audiovisual en otros países, especialmente de América Latina y sobre la posibilidad de existir una colaboración más armónica y correcta entre editorial y mercadeo. Sin embargo, Jan habla de su filosofía de la TV infanto-juvenil: Programas deben hacer los niños imaginar.

Con los desafíos históricos entre generaciones ¿Cuál es hoy el punto de encuentro entre ellas? ¿Cuál es el mejor modo de crear un diálogo con la infancia?

Actualmente los niños parecen, o transmiten la imagen de ser más adultos, pero fundamentalmente siempre serán niños. Eso quiere decir que les puedes contar una buena historia y ellos se van a entretener. Con las innovaciones tecnológicas hay plataformas diferentes y esas posibilidades aumentan, así como el desafío de encontrar el lenguaje correcto. En ese sentido, hay mucho por desarrollar. No veo tantos cambios en el modo como ese público es por dentro. Tenemos más herramientas y circunstancias, pero las bases siguen siendo las mismas: respetar y estimular el potencial creativo que tienen.

Subestimar a los niños es una trampa fácil de caer, en el momento de desarrollar un programa ¿Cómo evitar eso?

No es fácil. Estaba charlando con alguien hace un tiempo sobre como en casos de divorcio los jueces aún no escuchan lo que los niños piensan y quieren. Nuestra historia es así, nos olvidamos de la posición de ellos. Y tenemos un papel crucial en la emancipación del niño. Los niños les señalan a los adultos que tienen historias para contar. Tengo la fuerte convicción de que mi trabajo exige más responsabilidad de lo que muchas personas le atribuyen. Cuando me fui a Cuba, había una expectativa de que sería muy crítico al trabajo hecho allá, por ser de una generación que trata de asuntos como guerra fría de un modo muy polarizado. Pero en el momento que comenzamos a debatir, entendieran que mi objetivo es otro. Como le dije al ministro de educación de allá: “ustedes tienen buenas fuentes para niños cuando las ponen en la pantalla para inspirar a los que asisten en sus casas”. Y la calidad de esos medios refleja la calidad de una nación. Podemos ver en los Estados Unidos, por ejemplo, que hay un interés capitalista, de mercado, en donde se vende. Ya en mi país hay un interés mayor en la cultura y menos en el mercado. Tratamos más de temas que son importantes para los niños.

¿Cuál viene siendo la influencia que las innovaciones tecnológicas tienen sobre los demás soportes de programas infanto-juveniles?

En general se puede decir que el poder de la televisión disminuye y otras plataformas enseñarán modos muy auténticos para educar a una audiencia. Sin embargo, al mismo tiempo, en nuestro caso, existe una obligación de llegar a nuestro público objetivo, como un vehículo de comunicación público de Holanda. Así, con las aplicaciones, juegos y redes sociales virtuales, en los últimos 15 años hemos buscado desarrollar abordajes de medios cruzados. Producimos programas de televisión que van al site así como videos que van primero para la web y después para la televisión. El papel de la TV ha cambiado en los últimos años, en algunos casos tiene un papel secundario, pero de un modo general aún es protagonista. Muchas personas con un proyecto de buenos resultados en la internet piensan en la televisión cuando quieren tener un alcance más amplio. Pero hoy es necesario preguntarnos antes lo que viene siendo producido en la web. ¿Hay videos? ¿Un canal en el Youtube? ¿Una cuenta en el Twitter? Hay mucha cosa interesante ante ese mundo competitivo y caro de la TV. Por ejemplo, hemos promovido una acción para que los niños produjeran videos y nos enviaran para ser publicados en la internet. Nos dimos cuenta que no necesitábamos poner la televisión en el centro. Además, tenemos que llevar en cuenta cuánto la repetición es importante para ese público. Y con la web es posible asistir una obra cuantas veces queramos. O sea, algo que se produce ahora para la televisión, puede que sea mucho más utilizado en otras plataformas. Entonces, cuando creo un show actualmente, siempre pienso en cómo mi público lo va a ver después de la quinta vez. ¿Aún va a ser suficiente para que imagine? Los mejores programas hacen los niños imaginar.

La regulación de las leyes sobre la propaganda infantil viene siendo un tema recurrente en Brasil, aunque la auto-regulación siga prevaleciendo. Bajo su punto de vista ¿Cómo un canal puede conciliar buen contenido editorial con la necesidad común de tener anunciantes?

En mi país, el gobierno tiene un recurso destinado a los canales independientes. Pero pienso que en general es posible plantear una cooperación entre los sectores. Eso pasa si tienes un editorial fuerte, con una ruptura clara en relación a la propaganda. La propaganda siempre quiere entrar, porque sus profesionales no suelen ser creativos. Creen que el ideal es estar en medio del programa para que las personas compren. En la mayor parte de Europa queremos hacer una separación completa. Pero pienso que es posible el ejemplo que vi en la TV Brasil. En el final del show aparece el logo de Petrobrás con el subtítulo “ofrecido por”. Lo veo como una buena solución. Bajo ese punto de vista, Brasil está adelante, porque aquí tenemos problemas para traer ese tipo de negocio. En los Países Bajos, cortaron el 30% de nuestro presupuesto, y por el hecho de que somos un órgano público, no podemos trabajar con el mercado. O sea, se trata de un valor completamente perdido. Por esas razones veo que el Estado no puede siempre auspiciar sólo a la TV. En el Prix Jeunesse Iberoamericano conocí a productores y publicitarios y vi que es posible reunir a esas personas para hallar modos de financiar programas manteniendo la independencia de los medios. En Europa apenas hay conferencias en que el mercado encuentra la producción. Veo interesante esa aproximación, en el sentido del mercado apoyar a programas con responsabilidad social y obedecer a la ley.

Algunos programas de la KRO Youth lograron mucho éxito poniendo niños para hacer acciones cotidianas, como cocinar o desarmar objetos. ¿Cómo te diste cuenta que eso iba a atraer la atención de ese público?

Esa es la base de mi filosofía de TV para niños. Cuando era joven, asistía al show Vila Sésamo, que tiene solamente muñecos, todos jugando a un papel. Y cuando empecé, me pregunté: si a los adultos les gusta tanto la realidad ¿por qué no la damos a los niños también? Con respecto a las ficciones, me gustaría que tuvieran los pequeños, sin que hablaran como adultos, actuando naturalmente. O sea, a veces incluso portándose mal. Entonces produje un documental sobre lo que a los niños de pre-escuela les gusta hacer. Fue de ahí que surgieron las ideas de programas en que cocinan y usan la caja de herramientas. Lo que es raro es que, a pesar de que esos shows sean muy respetados y se ganen premios, casi nadie los copia. Muchos llegan y dicen “¡Mira como los niños se divierten!”, pero no copian porque creen que los padres van a reclamar, ven peligroso poner un cuchillo en la mano de un niño. Pero ¿Qué tiene que ver eso? Programas así dan ideas, estimulan la creatividad. Eso es lo que importa. Me veo como alguien completamente comprometido con los niños. Estoy interesado en traer valores, estimular el activismo, dar los mejores programas. Y vi que lo puedo así.

Otro rasgo de tus producciones es tratar abiertamente de asuntos considerados tabúes como la muerte o el acoso. En su experiencia ¿Cómo ves que vienen siendo tratados estos temas en tu país y en los demás países?

Siempre pienso que hay mucha diferencia entre lo que hacemos aquí y lo que se hace en otros lugares, pero de hecho tenemos más libertad. Hay países que están mejorando, principalmente en el norte de Europa. En Alemania, Bélgica, puedes hallar programas de ese tipo. Sin embargo, aún hay una duda general. En América Latina veo un deseo de lucha aún en el comienzo. Pero traer solamente esos tópicos no resuelve. Es siempre importante ver que piensa el niño, y no solamente el adulto. Te voy a mencionar un caso. Vi que los niños pre-escolares suelen ser muy espirituales, les gustan los asuntos relacionados a ese tema. Entonces pensé ¿Por qué no hacer una serie de ficción para ellos sobre la muerte? La cuestión es que se podría fácilmente hablar sobre un joven cuyo padre o madre ha muerto. Es lo que pasa en la mayor parte de los programas. He resuelto hablar con mi público y he descubierto que esa situación sería muy abstracta, por que no conocían a los padres de los otros. Podrían encontrarlo triste, sin embargo, sería solamente eso. La solución encontrada fue simple. Si el perro del chico se muriera, la conexión sería mucho más grande. Entonces, en la serie, el protagonista entierra el animal en el quintal de un vecino rico y siempre vuelve hasta al ataúd. En un episodio, un gato ensucia la sepultura y el chico va por impulso detrás de él, para lanzarle agua, en la compañía de un amigo. Eso muestra como un niño es. Hablamos del luto y de la rabia, pero también de felicidad, al mostrar al protagonista y su amigo divirtiéndose. Todo eso se podría considerar como un comportamiento impropio, pero nadie reclamó, todos los que asistieron entendieron la reacción del personaje.

Con la JWBfoundation sueles ofrecer workshops y debates en diversos países. ¿Cómo ves a los avances de la producción de medios de calidad para niños, especialmente en América Latina?

En la última década hubo un cambio positivo, con el crecimiento de la atención sobre su importancia. En algunos países puedes auspiciar programas de calidad, como la Film Comission Chile, que promueve un número de obras por año en este país. La Alianza Latino Americana (ALA) es una idea excelente, en la que productores y medios de todo el continente pueden intercambiar programas de calidad y fortalecer una red. Y a partir de organizaciones así es posible promover workshops, entrenamiento continuo y en algunos casos hay un financiamiento estable, aunque pequeño. Además, hay eventos organizados en donde las personas se encuentran, debaten y crean. Pero el próximo paso es crucial. No se puede crear programas, sino darles visibilidad. Eso significa tener a grandes canales exhibiendo buenos productos, como el Pakapaka en Argentina. Espero ver canales como la red Globo ofreciendo contenido de calidad y no solamente programas con fines de marketing.

¿Cuál es la importancia de un evento como el comKids y el Prix Jeunesse Iberoamericano para el desarrollo de medios infantiles en el mundo y en la región?

La cooperación. Cuando trabajamos juntos es importante. Si eso existe, queda más fácil enseñar ejemplos de buenos programas. Además, las películas son muy importantes. La TV tiene que trabajar con festivales de cine también. Con películas puedes hacer algo poderoso y frecuentemente las historias de ficción logran recorrer el mundo. Si son cortas, hay la posibilidad de estar disponibles en línea y llegar a un público muy grande. En nuestro canal en el Youtube los videos publicados llegan a millones de visualizaciones, sin cualquier publicidad. Eso significa que hay millones de personas en el mundo que asistieron espontáneamente. Si hubiera un trabajo de divulgación, ese número podría multiplicarse. Entonces ahí entra esa cooperación internacional. Eventos como el comKids y el Prix Jeunesse desarrollan un papel importante al estimular un intercambio de conocimiento muy ventajoso para todos los involucrados.