Columnista

Regla Bonora Soto

Por: Regla Bonora Soto

Cuando somos pequeños es difícil evitar querer ser grande, parecerse a mama o a papa o a otro de nuestros adultos queridos, hacer lo que hacen, llegar a ser lo que son.

Muchas veces fuimos maestros, doctores, enfermeras, veterinarios, tractoristas, constructores… respaldados de la resolución de que eso era lo que seriamos de grandes.

Pero cuando el mero juego de roles se puede llegar a realizar muchos años antes de que seamos grandes, entonces la emoción se vuelve cómplice de la formación de nuestra vocación, nuestro amor por las profesiones, nuestro respeto por esos grandes, ya profesionales…

Y eso ocurre en las escuelas y en los llamados palacios de pioneros puestos a la disposición de las niñas, los niños y los adolescentes cubanos.

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Desde que cumplen 9 años se pueden integrar a cualquiera de las diferentes áreas profesionales dispuestas para potenciar el amor al trabajo y el conocimiento de las relaciones laborales en un ambiente totalmente lúdico. Cada área está dividida en círculos de interés que funcionan como pequeños talleres con alrededor de 5 miembros cada uno donde aprenden las particularidades de uno de los oficios y la relación con los otros de un proceso productivo especifico.

Cada semana, dedican una jornada en la mañana o la tarde a visitar su área. En ese momento, los niños se vuelven agricultores, comunicadores, constructores, médicos, meteorólogos, maestros… y juegan a aprender a ser grandes en espacios concebidos y equipados como los puestos de trabajo reales. Así que al terminar su jornada, pueden haber hecho una producción alimenticia de panes, dulces o refrescos, haber establecido una comunicación radial o haber reparado un automóvil.

Una de las joyas de estos espacios es el Palacio de Pioneros Ernesto Che Guevara, en La Habana, creado el 14 de julio de 1979 como parte de la política de formación vocacional y orientación profesional en el país, lo cual logra mediante el desarrollo de actividades científico-técnicas, investigativas, deportivas, políticas, patrióticas y culturales, en una cultura general integral donde el juego forja la disciplina y fija conocimientos basados en el amor al trabajo.

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Lo visitan semanalmente miles de los niñas y niñas de la enseñanza primaria y secundaria de la capital durante las 9 semanas que dura cada curso de instrucción de los tres que ocurren en el periodo escolar.

A este lo acompaña otros espacios fuera o dentro de las escuelas que suman unas 127 instalaciones análogas de carácter provincial y municipal a lo largo y ancho del país. Cuando funcionan en las escuelas, estas se convierten en el escenario fundamental, a las que asisten los instructores para multiplicar tan loable empeño por medio de conferencias y talleres sobre todo para los alumnos de noveno grado, prestos en su mayoría a la toma de decisión para comenzar estudios técnico-profesionales.

Y cada curso o taller de instrucción termina con una gran fiesta del conocimiento con los rostros orgullosos de quienes tal vez en unos años sean los protagonistas de esas profesiones u oficios y los portadores de un valor muy preciado: el amor de servir a los otros.

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Regla Bonora Soto
Regla Bonora Soto

(Português) Asesora, realizadora y coordinadora de proyectos en el Grupo de Programas para Niños y Jóvenes de la Televisión Cubana - Instituto Cubano de Radio y Televisión