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Por: comKids (Redactor)

Por Claudia Patricia González V.

Hasta hace unos años, el camino de hacer televisión infantil en Colombia era un camino sin mapas y lleno de atajos para llegar más rápido a la meta de cumplir con una cuota de programación. En aquellos tiempos, ninguna capacitación era suficiente para desempeñar este oficio con certidumbre y siempre nos quedábamos con más preguntas que respuestas al intentar producir programas infantiles de calidad. Trabajábamos encerrados en una oficina rompiéndonos la cabeza para que se nos ocurrieran los contenidos que lograran conquistar al público infantil. Un público que estaba lejos, muy lejos de esa oficina, detrás de miles de pantallas de televisión a lo largo y ancho de nuestro país. Pero no sabíamos realmente quiénes eran, qué sentían, qué pensaban, qué necesitaban y cómo recibían los contenidos que les entregábamos. El público infantil era apenas un número que nos entregaba cada lunes el informe del rating. Y así, con un número, se medía la eficiencia de nuestro contenido.

Un día, el camino se iluminó con una experiencia que marcó profundamente a quienes participamos en ella. Fue la producción de una serie de tv infantil, precedida por una ambiciosa investigación sobre niños y niñas de 8 a 10 años pertenecientes a diversos grupos poblacionales , y en la que tuvimos la necesidad de entrevistar a más de setecientos niños en trece regiones del país, en la etapa de preproducción, para encontrar los personajes de la serie. Nunca antes, en la historia de la tv infantil en Colombia, se había hecho el ejercicio de ir a conocer a los niños y a las niñas destinatarios de nuestra producción. Y por fin, después de trabajar para ellos desde la distancia, los teníamos al frente de nuestra cámara abriéndonos la puerta de sus vidas. Fue así, haciendo el casting de La Lleva , como se nos empezó a revelar el mapa del camino que veníamos recorriendo a ciegas años atrás. Más allá de ser un proceso de búsqueda de personajes, el casting se convirtió en una poderosa herramienta de investigación y en una de las estrategias más eficaces para diseñar nuevos formatos o nutrir los contenidos de los programas de televisión que vinieron después: El Gran Día, Contraseña Verde (Colombia), Buzykandá y Te Re-creo tus noticias.

Primeiro dia de gravaçnao do teaser do Buzykandá.

Primer día de grabación del teaser de Buzykandá.

Descubrir un personaje de TV infantil es uno de los procesos de la etapa de producción al que se le dedica el menor tiempo y rigor. Casi siempre conocemos un niño o una niña “que nos sirve”: la hija arrolladora de una amiga, el sobrino que es un loquito divino, o la vecina desparpajada que nos encontramos en el ascensor y no para de hablar. En otros casos, también se acude a las agencias de casting o academias de talento artístico, donde se sabe que hay mayores probabilidades de encontrar niños y niñas talentosos, simpáticos, con buena expresión oral y corporal, y con expectativas de iniciar temprano una carrera artística en los medios para lo que se empiezan a formar desde muy temprano. Esto facilita la etapa de casting y casi siempre se logra el objetivo de encontrar el niño o la niña que se busca. Sin embargo, al estar involucrados en proyectos en los que se pretende fomentar la participación e inclusión de toda la población infantil exaltando su diversidad, nada podría ser más contradictorio que limitarnos a hacer esta búsqueda en los lugares donde sólo se encuentran “niños artistas”. Hacerlo de esta manera es excluyente e incoherente con los principios y filosofía de nuestros proyectos de televisión infantil.

Explorando otros caminos, empezamos a incorporar una metodología de taller que nos permitiera acercarnos, conocer y encontrar niños y niñas diversos, con el potencial para convertirse en personajes de tv. Mientras en un casting tradicional los participantes llegan nerviosos a hacer una fila para ser puestos, sin mayor preámbulo, frente a una cámara de televisión, en nuestro casting-taller todos entran al tiempo a una actividad grupal donde a través del juego y la lúdica se logra romper el hielo y bajar el nivel de tensión. En el casting tradicional los niños saben que llegan a ser evaluados, y que dependiendo de lo que sean capaces de demostrar, serán elegidos por los productores del programa, lo que genera una relación vertical entre el casteador y el niño. En el casting-taller, en vez de evaluarlos, los valoramos; y establecemos una relación horizontal entre los conductores de la actividad y los participantes, así como entre ellos mismos, lo que propicia un ambiente de respeto y apreciación por las ideas de todos. En el casting tradicional, los participantes no siempre actúan de manera espontánea y natural, pues evidentemente tienen el interés de dejar la mejor impresión. En el casting–taller todos nos dejan ver quiénes son realmente y la esencia de su ser se expresa de manera auténtica y creativa. Es maravilloso ver cómo hasta el más callado o tímido, termina participando y animándose a dar su opinión, convirtiendo la actividad en un espacio de conversación, de encuentro, de juego y de intercambio de ideas, para saber qué les gusta o qué no, qué piensan, qué opinan, cómo se comportan, de qué se ríen, qué los pone tristes, qué los pone felices, cómo hablan, qué palabras usan, en fin… todo esto surge en un taller, más que en una simple entrevista de casting tradicional.

Uno de los aspectos que más nos preocupaba al convocar niños y niñas a una actividad de casting, era el de generarles expectativas sobre ser elegidos o no y dejar en ellos un sentimiento de frustración al finalizar el proceso de selección. Sin embargo, empezamos a ver que para la gran mayoría, el sólo hecho de participar en el casting-taller ya era una experiencia novedosa, grata y divertida. Esta observación nos ayudó a definir una condición obligatoria en la metodología del casting-taller: que la actividad fuera siempre un intercambio de bienes.

Después de que estos niños nos regalan dos horas de su tiempo, nos comparten sus ideas y sentimientos facilitándonos la tarea de desarrollar formatos y contenidos, y nos ayudan a encontrar los personajes de tv que buscamos, es obligatorio dejarles a ellos también algo positivo: un aprendizaje profundo sobre su propio ser, sobre quiénes son, qué les gusta y lo que son capaces de llegar a realizar. Por esta razón, una tarea adicional en cada casting-taller, es la de reconocer y hacerles ver su potencial creativo, su capacidad de emprendimiento y todas aquellas habilidades que muchas veces ni ellos mismos saben que tienen. Por tratarse de una experiencia donde niños y niñas tienen la oportunidad de expresarse, participar, ser reconocidos, desarrollar su propio contenido y sentirse valorados e incluidos, los participantes del casting-taller se van con su autoestima nutrida. Ponernos a su altura para conversar, escucharlos con atención, interesarnos por sus respuestas respetándolas y valorándolas TODAS sin calificarlas bien o mal, tiene un efecto inimaginable en la autoestima de los niños y las niñas, quienes en la mayoría de los casos encuentran como algo insólito que los adultos los traten de esta manera.

Aunque tratamos de que el intercambio de bienes sea balanceado, lo que ellos se llevan nunca se podrá comparar con el bien que nos dejan a nosotros, los casteadores; no sólo como profesionales del sector de la televisión infantil, sino como seres humanos. Hacer casting es mi actividad favorita, el oficio que más me nutre el corazón, y lo que más me divierte de hacer televisión infantil. Y sin duda, es el espacio donde encuentro las respuestas que me surgen día a día como guionista o realizadora audiovisual. El casting, sin duda, me reveló el mapa del camino que sigo recorriendo, aunque a veces siga un poco perdida.

Teaser Buzykandá from Latente Media Lab for Kids on Vimeo.

[1] De ocho a diez, Un acercamiento a niñas y niños colombianos para hacer televisión . Proyecto de Televisión Infantil Cultural de la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Cultura, 2010

[2] Serie de TV infantil del Ministerio de Cultura, RTVC Señalcolombia, Canal 13 y de la Universidad Javeriana, 2010.