Columnista

Gabriela Romeu

Por: Gabriela Romeu

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En patios de pequeños pueblos de Minas Gerais por donde los pequizeiros (árboles del Pequi) se esparcen sin temor, niños y niñas se pierden en sus ramas. Del pequizeiro saltan a la algarroba en búsqueda de sabrosos frutos que tiñen de verde a sus dientes. Las personas que pasan desapercibidas no pueden detectar a los niños-ramas, tan grande es la simbiosis entre árbol y niño.

Son muchos los ejemplos del árbol-juguete. Los mangos dan la sombra para jugar de rueda en los patios. Y, si los coquitos se caen del árbol, se convierten en la munición de una mini-guerra por la calles. También caídas, las semillas de una de las especies del jacarandá tienen un formato de cuchillo y van a hacer parte de los juegos de casita de las niñas.

El agua, la tierra, la arena, las semillas, los carozos, las hojas y las plantas también son materia-prima usada en los juguetes hechos por los niños, que los mezclan con neumáticos, zapatillas de goma, tapas de achocolatado, aros de bicicleta y otros restos de lo cotidiano encontrados por los patios. La naturaleza y la vida dan la unión, son la esencia para que niños y niñas entiendan el mundo a su alrededor.

Cuando esos niños llegan a las escuelas, hasta aquellas de las zonas rurales, el discurso del educador es el de la preservación, sonando de modo disonante de la realidad de la infancia que vive la urgencia del hoy – ¿Quién ha dicho que el niño es el futuro?

Claro que el planeta requiere acciones conscientes que proyectan su (nuestro) futuro, pero los niños lo dejan claro que la sintonía con el futuro tiene que empezar ya. Y de verdad. No es suficiente que el maestro solamente les proponga un taller para hacer cosas con botellas de plástico como si esto fuera despertar un sentimiento de cuidado con el planeta.

Bajo la compañía de la periodista Marlene Peret y del fotógrafo Samuel Macedo, mis colaboradores del proyecto Infancias, vi algo parecido en el Valle del Jequitinhonha. En las calles y en los quintales a , los niños venían ávidos a presentar sus juguetes hechos de naturaleza cuando eran interrogados sobre el asunto. Luego surgieron las plumillas de plátanos, zancos, tirachinas, volantines de bambú.

En el ambiente escolar, el mismo llamado obtenía resultados muy distintos: los juguetes no tenían la fuerza de la vida que nacía de los patios. En cierto modo, los juguetes hechos en la escuela remetían a las clases de artes destinadas a la reproducción (sin espacio para la creación), anunciando que la escuela estaba desconectada de la vida – de la vida en los patios. A partir de este diálogo con los niños por los patios de Brasil, nos quedan muchas lecciones. Una de ellas es que los niños tienen mucho que enseñarnos cuando el asunto es naturaleza. Sólo hay que permitir que el ambiente sea de hecho el medio para la infancia.

*texto producido especialmente para publicación del comKids Green 2012

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Gabriela Romeu
Gabriela Romeu

Gabriela Romeu es periodista y documentalista. Es una de las idealizadoras del proyecto Infancias (www.projetoinfancias.com.br), que está documentando la vida de niños en diferentes sitios del país. En este espacio, se publican registros y vivencias del proyecto, además de otras reflexiones sobre las infancias.