Columnista

Garatújas Fantásticas

Por: Garatújas Fantásticas

Por Carina Castro* – Premio Lusofonía de Portugal (2012) con un cuento infanto-juvenil.
Texto publicado originalmente en la columna “Infante Ingente” de la Revista Ellenismos

Si tuviéramos una fantasía, del mismo modo que tenemos una lógica, estaría descubierto el arte de inventar”
Novalis, Fragmentos

Imágenes: Carla Barth / Reproducción

Mientras pensaba cómo iniciar esta columna, una amiga de cuatro años dibujaba a mi lado con creyones. Ella separó unos cuatro distintos y me dijo que eligiera uno. Escogí el azul, y me dijo: “¡pero el azul es de niño!”. Fue ahí que encontré una manera de entrar en el tema que voy a discutir.

Las artes infantiles, o el arte producido para niños, requiere un abordaje cuidadoso porque siempre termina chocando con las prácticas pedagógicas, que justamente por tener como constitución de educación la transmisión de una visión del mundo adecuada, y el arte por tener la intención de proporcionar una lectura más amplia y no perfecta (hecha por completo, como si fuera un “contorno entreabierto”), lo que debería ser una unión de herramientas en la Educación dispuestas a lograr ofrecerles a sus alumnos la capacidad de ser personas pensantes y capaces de opinar, es, en realidad, un conflicto, porque mientras uno se esfuerza por construir una verdad, la otra ofrece la posibilidad de inventar verdades propias. Este es un problema que la literatura infanto-juvenil se enfrenta, incluso, en muchas partes del mundo pues lo que se produce con una intención puramente didáctica no se considera como literatura, y en ese momento, surge una larga lista de discusiones acerca de la definición de conceptos como “literatura” y “niño”.

Volviendo a la situación inicial, para resolver a la situación que involucraba la definición de los colores, dije: “no, el azul no es sólo para los chicos, el cielo es azul, el mar es azul, tus ojos son azules y eres una chica”. Ella se rió mucho, pero no dejó de mostrar su amor al color rosa, que a todos nos puede gustar mucho también, pero eso crea una situación que lo único que logra es podar los ejercicios experimentales a un niño, es decir, que no se trataba de una situación en que se estuviera eligiendo un traje para vestirse, o algo por el estilo, sino estaba coloreando un dibujo, y pensó que, por ser el hecho de que yo fuera mujer, no debería elegir el color azul.

O sea, que la construcción del género en la Educación viene mostrando que esta división binaria del mundo comienza desde las primeras edades.

“La imagen que el niño tiene es, entonces, el reflejo de lo que los adultos y la sociedad piensan de sí mismos. Sin embargo, ese reflejo no es sólo ilusión. Tiende, en cambio, a convertirse en realidad. En efecto, la representación de los niños así elaborada, se convierte, poco a poco, en su realidad. Los niños dirigen ciertas exigencias al adulto y a la sociedad a causa de sus necesidades esenciales.”

– Regina Zilberman. In “A literatura infantil na escola”, 1985.

Y entonces volvemos a la discusión que existe en la literatura sobre quién es el niño, y en algún consenso, él va a ser el resultado de lo que sea testigo en la cultura en que vive y de la que forma parte. Y, así, podríamos tratar al niño como un solo género, como lo define el diccionario: “agrupación de individuos que poseen rasgos comunes”. Para muchos productos existe la indicación “género infantil”, y en este caso, no es delimitado por tener un género (masculino o femenino) solamente, y lo que van a hacer con esos “sexos” no tiene la misma utilidad e importancia que tiene para los adultos. Así que el hecho de que las ropas y artefactos infantiles sean muy coloridos, porque son hechos para ellos luego todos podrían usar todos los colores, sería la posibilidad de crear un espacio de libertad y de experimentación para o desde la infancia. Sin embargo, no es eso lo que pasa, pues una cosa es el uso de trajes coloridos y la otra, totalmente distinta, es una pieza solamente de color rosa, algo que ya es determinado a partir del nacimiento de los bebés y que es usado en este período como una manera de crear y establecer un género dicotómico masculino o femenino, y un mundo dicotómico, y ese punto es crucial, porque aunque después sepan cómo lidiar con el uso de los colores sin confundirse con sus géneros, la idea ya ha sido inculcada. Por ello, la chica que es bombardeada con todos los tipos de cosas de color rosa sólo va a poder amar y creer que este es su color.

Y, después de pasar por este “entrenamiento”, junto con otras formas de influencias, como el uso de los juguetes y de los juegos, ella entiende lo que significa ser una chica (y el chico viceversa), sin que haya necesidad para esa preocupación, ya que este tipo de definición de género va a ser usado con fines sexuales y comerciales: sociales, más adelante. Algo con lo que él (el niño) no tendría que preocuparse, y que todos nosotros podríamos no preocuparnos, a eso le podríamos llamar de normalización, o a lo mejor, heteronormatividad del mundo, en dónde las cosas nunca podrán lograr una evolución en el sentido de transformarse en otra cosa, cualquiera que no necesite ser hombre o mujer, o aún estas ideas mezcladas. Esto es todo lo que va en contra del papel del arte en el mundo, y en la Educación.

“(…) Un elemento constitutivo de las relaciones basadas en las diferencias que distinguen a los sexos. Género implica la construcción social de ser mujer y de ser hombre. Por lo tanto, el género se encuentra en los conceptos de identidad sexual, los roles sexuales y en las relaciones entre los sexos.”

M. P. Carvalho. In: “Gênero e trabalho docente: em busca de um referencial teórico”, 1998

Porque, si nos tomamos la libertad de nombrarnos hombres o mujeres, ¿no podríamos inventar otras cosas, más interesantes, para hacer hombres y mujeres? Es allí donde está el papel del arte en la Educación Infantil, tanto el arte hecho para niños, como el realizado por ellos mismos. No es algo que se vende, pero existe, y no hay nada más cercano al universo infantil que el arte, ya que nos permite la libertad de probar y fingir que las cosas son otras, la función de expandir las miradas. Gianni Rodari, periodista, escritor y educador italiano, una mente inventiva que realizó un trabajo revolucionario en la educación, afirmaba que no es posible el cambio social sin las mentes creativas, que sepan usar la imaginación, y es esa creatividad y el hecho de no volverlas formas estanques que buscamos. Hay que ejercitar esa capacidad, pues son esas las personas capaces de cambiar el mundo. El papel del arte en la educación infantil es, entonces, de vital importancia, tanto a través de la música, como del cine, de la danza, de las artes visuales y de la literatura. Las últimas dos son las que más se acercan al niño en la escuela, pero la literatura algo más, por haber en los libros personajes con una mirada infantil, en donde ellos pueden encontrar una identificación y no solamente a la moral y las reglas. Es la diversión lo que propone el arte, una formar de satisfacer deseos que no nos ofrece la realidad, cumpliendo también su papel social y político, así como todo el acto.

“La literatura debe proporcionar una reorganización de las percepciones de mundo y, de ese modo, permitir un nuevo orden de experiencias existenciales del niño. La convivencia con textos literarios provoca la formación de nuevos patrones y el desarrollo del sentido crítico”.

– Elisandra F. de Carvalho e Simone N. Bedendo.
In.: “Questões de gênero na educação infantil”, 2001.

La buena noticia es que, incluso recibiendo tantas imposiciones para definir el mundo y a nosotros mismos, aún con tantas incertidumbres, nos hemos (trans)formado y nos hemos (re)descubierto muchas veces a lo largo de nuestras edades. Algo que demuestra esa posibilidad son las reflexiones de este texto (ideas que no serían posibles de ser debatidas en otras épocas), con la colaboración de alguien que ya tuvo el rosado como su color favorito, y a que hoy le gusta el azul (y el rosa, el verde, el negro, el morado, el amarillo, el rojo y el lila). Nuestras preferencias de colores pueden cambiar, así como la relación entre las personas y la de nosotros con nosotros mismos. Repensar el mundo es necesario pues nos olvidamos que al final somos nosotros mismos los que lo creamos.

*Carina Castro es la autora de “Caravana”, su primer libro [de poemas], publicado por la Editora Patuá. Poeta e investigadora, estudia Literatura árabe en USP y también se dedica a los textos para niños y jóvenes. Desarrolla y lleva a cabo el proyecto de arte urbano “Raízes do Pé” con Deborah Erê, con quien comparte otras colaboraciones escritoilustrativas, además de firmar la columna “Infante Ingente” en la Revista Ellenismos. Para conocerla mejor, navega por el delicioso blog Tudo é coisa (“Todo es cosa”, trad. Libre).

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Con foco en el arte y en la literatura, Garatujas Fantásticas es una iniciativa del Estudio Voador, un puente para que adultos y niños experimenten el mundo juntos, intercambiando miradas y experiencias.