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Por: comKids (Redactor)

Texto originalmente publicado en el sitio web de Ciranda de Filmes

Gandhy Prioski es una de las personas dedicadas al profundo infantil. Artista, escritor e investigador de las infancias, de sus lenguajes, símbolos e imaginarios, tiene una experiencia y dedicación de años en esa investigación. Además de diversos proyectos, viene escribiendo un libro que va a ser publicado en breve y otro que ya se encuentra en producción. Gandhy también colabora en distintas iniciativas, como el proyecto “Territorio do brincar” .

Hicimos una charla con él sobre la infancia, su sentido de corporeidad y morada, la relación de la naturaleza como inteirioridad y potencia creativa, la expresión política y cultural de la infancia, espacios compartidos y muchas otra cosas. Compartimos aquí la preciosidad de los pensamientos y reflexiones del querido invitado de la Ciranda 2015.

Ciranda: cuéntanos un poco de tu investigación y dedicación en torno a la infancia y sus lenguajes. ¿Cuáles son sus nuevos planos y producciones como artista plástico, investigador y escritor?

Gandhy Priorski: Por un tiempo, estuve totalmente volcado a los niños y a la naturaleza. El en universo natural. Estuve en diversos sitios del interior, en comunidades tradicionales, en la cuesta, sierras y en el “sertão”. Así algunos años han transcurrido. Todo eso se ha convertido en una exposición inaugural sobre los 4 elementos en el jugar. También seminarios y otros caminos estéticos como colaboración con el cine, con la película Territorio do Brincar (Renata Meirelles e David Reeks) y las artes visuales con la curaduría de exposiciones y colaboración con compañías de danza como la Balangandança (proyecto Ninhos – Georgia Lengos) y etc.

Pero niños y naturaleza son temas que mueven mucho a las personas. La pregunta recurrente era y es: ¿cómo quedan los niños de las grandes ciudades? Esa inquietud no cesa de nacer entre las personas que acompañan al trabajo. Así, he dirigido mi atención hacia la naturaleza, los niños y la ciudad. Entonces ese es el trabajo más reciente. Estamos actuando en diversas capas de narrativas de los niños, en la ciudad de Fortaleza. Hasta ahora son dos proyectos. En el primero, trabajamos por un periodo de tres meses con 1200 niños. Llamamos al Salão de Artes da Criança. Una especie de taller libre, abierto, juntando el decir de los niños de la ciudad.

El segundo se está llevando a cabo desde ahora hasta octubre. Estamos actuando en seis regiones de la ciudad, junto a escuelas públicas y periféricas. Son festivales de juego, creación libre y construcción. De ahí saldrá otro acervo amplio de narrativas.

Con eso, venimos construyendo nuevos caminos de discusión. Ese nuevo repertorio ya se ha transformado en exposición, seminario y otros caminos vienen a surgir. El próximo proyecto es siempre una complementación del anterior. Es siempre un camino de rastrear a las cosas de niños. Esa arqueología no tiene fin. Todo indica que va a ser por más interiores de Brasil y de los niños.

De escritos, hay un libro listo para publicación, y un segundo en construcción.

Ciranda: Te parece que la relación del adulto con la infancia tiene un sentido de respeto, pero también de control. ¿La protección absoluta viene de ese sentido de control? ¿Cómo podríamos poner la infancia en el centro de una participación política y simbólica, con su gracia y potencia, como sujeto y fuerza de uno mismo? Como el arte y lo lúdico pueden tener relación con eso?

Gandhy: El control es el sentido hegemónico de nuestra civilización. Veamos toda la prioridad que se ha dado a la visión, a la visualidad, a la visibilidad desde el adviento de la llamada modernidad. La mirada hegemónica y toda la corriente de imágenes artificiales que vivimos es un afán de control.

Imaginemos entonces: ¿lo que trasborda en eso para una cultura de la educación de los niños? Dimensiones éticas y cognitivas ha sufrido drásticos cambios en ese recurrido del culto a la visualidad. Se ha vuelto débil la noción de morada, de corporeidad, de espacialidad, de tacto, de naturaleza.

Imaginemos de nuevo: ¿qué son los niños sin las nociones de de morada, de corporeidad, de espacialidad (ciudad, comunidad), de tacto y de naturaleza?

Uno no sabe más de que se defienden los niños. Si de la vida o de las amenazas. Uno no sabe más qué es amenaza y qué es la vida. La vida es leída muchas veces como amenaza; amenaza está confundida con la vida.

Por cierto, la participación simbólica y política de los niños no podrá ser hecha en el ámbito discursivo e institucional. Está más para la poética de las materias inútiles (Manoel de Barros) del libre hacer, para una ontología del jugar, más para una meta-cultura de los gestos y onomatopeyas.

El arte es vernáculo en el niño. Usada sin pudor. Como si fuera silvestre, libre. Usada no como arte, pues los niños no están interesados en hacer arte, pero existe en su código natural de expresión. La semántica del niño no tiene aura estética. Justamente por ser la semántica del ser.

Gilbert Durand, en su antropología del imaginario, dice que toda la memoria de infancia es inmediatamente una obra de arte, pues es una nostalgia del ser. Y el lenguaje del ser viene del simbólico, del intuitivo, del premonitorio, de la anunciación de nuevos caminos. Los niños, en especial hasta los cinco años de edad, son como los grandes artistas, hacen premoniciones del mundo.

Lo que es más peligroso de eso es que, casi en su totalidad, nuestra civilización, con pocas excepciones, puede encontrar mucho en los pedagogos, pero una cosa que poco se encuentra es noción y hacer estético desarrollados. Es difícil encontrar en esos trabajadores que llevan pesadas responsabilidades, percepciones y significaciones simbólicas apuradas e imaginaciones creadoras nutridas. ¡Ese es uno de los obstáculos!

Sin embargo, es ya posible ver que nuevos caminos están naciendo…

Ciranda: comenta un poco sobre su investigación y sobre como ella está profundamente vinculada a la relación del niño con la naturaleza, que potencia al sujeto, a su producción simbólica y de significados…

Gandhy: las personas suele preguntar: ¿tu trabajo es sobre lo que los niños hacen en la naturaleza, pero, y los niños de la ciudad? Esa pregunta es muy frecuentemente vinculada al nudo de los tiempos del fabrico, de la técnica, de la industria, de la desmaterialización del hacer.

No sabemos más, no reconocemos más que somos naturaleza. La naturaleza es un allí fuera.

Y justo es ese el objetivo de mi estudio, acercar a los niños de eso que es lo que somos. Y lo que somos puede ser una respuesta vasta (del tamaño de todo lo que se hizo hasta hoy), o quizás no tener una respuesta. Sin embargo, antes de cualquier cosa, somos naturaleza.

Así, en esa investigación, la búsqueda de las fuentes del reino animal, vegetal y mineral en el hombre, en el niño, tiene una base. Está en aquello que Bachelard llamó el cuarto reino de la naturaleza: la imaginación.

En ella, las potencialidades de la vida natural están grabadas, lo que tenemos que aprender es accionarlas. Y he resuelto aprender como accionarlas con los niños. Ellos saben muy bien vivir la capacidad que la imaginación tiene de crear caminos de ordenación interior y reequilibrio. Dejan la imaginación trabajar, dejan esa cognición y sensibilidad anímica modular sus estados de ser.

Esas modulaciones se pueden materializar en juguetes, en materias primas sacadas del mundo natural. Ganan forma, se pueden leer. Se pueden mapear, incluso. He notado algunos apuntamientos para una cartografía de la imaginación en el jugar. Una pedagogía de hormonios simbólicos, despiertas por el contacto con las materias de la naturaleza.

Juguetes libres, construidos por los niños, son tratados de los estados de interioridad. Son caminos de tactilidad ancestral, de deseos primitivos, de sueños recurrentes desde el más antiguo rumor de humanidad en la tierra. Nuestro cuerpo tiene memoria, nuestras células, nuestro psiquismo. Memoria no sólo biográfica, sino memoria de los antepasados, que no conocemos, nuestra memoria geológica, cosmológica. Nuestro cuerpo necesita espacio y lugar para que todo eso habite y sea sentido. Eso dicen esos pequeños ensayos de materialidad del jugar con la naturaleza.

Ellos son espejos de ranuras inscriptos en los niños, en su interioridad y biología, en su tesitura de memorias, en su corporeidad. Se pueden activar por el jugar. Son potencias guardadas en instancias creadoras de la imaginación. Son depósitos de expansión y apertura del ser. Ventanas nuevas de conocimiento, valoración, cognición.

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